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Monthly Archives: agosto 2011

El mundo se viene a bajo, mientras estoy leyendo. Encerrada en el libro para no oler la podredumbre de los platos sin lavar. Me concentro en la hoja. Evito el resultado explosivo de días de negligencia. El living hecho trinchera porque en mi cuarto hace más frío. Ropa tirada, botellas de agua vacías, las pilchas del sillón-cama revueltas, atados azules ya sin cigarrillos. El planeta caótico que la gata disfruta y que la habilita a ser más salvaje, como si adentro tuviera una pantera y el desorden la empujara a salir.

No interrumpo la lectura porque tengo miedo. Sé que fuera de este libro estoy sola. Lo que hoy tengo para decir no se cuenta sino a la persona a la que se ama. Y no amo a nadie. Me callo, mejor. Leo, mejor.

Algo me distrae, un grito chino-vecinal. Algo. Clavo los ojos en la ventana. Entonces recuerdo el monstruo habitual, la violencia del papel de diario, el combustible a base de malicia. Percibo la suciedad de mi departamento. Y pienso. En los poetas, pienso. En que no voy a encontrar al amor de mi vida si me sigo juntando con poetas, tanta gente como una, todxs tan insegurxs pero para afuera. Intento volver al libro. A mi alrededor se van tejiendo las contradicciones que le dan estructura a esta ciudad. Red teñida de amarillo macrista.

Devoro los párrafos y dejo de pensar en la soledad o en las cuentas. En el inminente nudo hecho de recibos y mugre. Escucho la voz narradora en mi interior que calla pudores, despechos, vergüenzas ajenas y propias y, sobre todo, anhelos. La historia aplaca el ardor que provoca lo que quiero y no tengo. Leo para olvidar el deseo y la nostalgia, las dos cuerdas que vibran constantemente. Zumbido parejo que me acuna.

Después de todo, en un pequeño universo sucio y desordenado, en su centro, estoy sentada leyendo. Soy un rincón de mi casa. Soy una fracción de mí. Una parte que no tiene boca.

 

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