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Monthly Archives: abril 2011

En la novela del conurbano él no es el malo. Es más bien un extra, de tantos que hay. Walter fue víctima de todo eso que que los conductores de noticieros anuncian con el ceño fruncido de preocupación mentirosa. Violencia, abandono, drogas. De manual, pobre Walter. En titular de Telenoche fue primero “la pobreza que duele” para pasar a ser “otra vez, la inseguridad”.

En un momento del raid delictivo perpetuo, Walter cayó preso por robo una segunda vez. Ya tenía una sentencia en suspenso, fuiste pibe. Walter pasó seis años yirando por todas las unidades penitenciarias de la provicia de Buenos Aires. Todas. Dolores, Magdalena, Florencio Varela, Mercedes, Sierra Chica, San Nicolás, La Plata, Azul…

En el expediente que documenta su vida están registrados 39 traslados. La defensa precisa que fueron 60. Algunos pedidos por Walter, la mayoría por el tribunal y varios por la autoridad de los penales. Los azules y trajeados alegan que es porque Walter es un “preso conflictivo”, como si fuera especial, como si alguien ahí adentro pudiera ser otra cosa.

Hay que ver quién se banca. Trabajar la del nuevo cada cinco semanas. Loop insostenible. Llegar, ver las caras, la rancheada, identificar al poronga, al lava-taper, ubicarse. Y  cuando más o menos entendiste, viene la maquinola provincial, posiciona la grua arriba tuyo y cual peluche de fichines, te saca para volver a empezar.

Lo imagino a Walter mirando para arriba, esperando que la nube negra teletransportadora lo lleve a otro infierno penitenciario. “Me están volviendo loco”, le dijo al abogado, con los ojos inyectados en sangre roja de semáforo en stop.

En la peor de las vueltas, Walter se enteró que su mujer estaba con complicaciones en el parto. Pidió desquiciado que lo dejaran ir al hospital, que Cintia y la nena estaban en peligro. Su súplica quedó atrapada en la burocracia pantanosa y mientras su hija se moría, Walter miraba, sin alma, el piso embarrado de la Unidad 23 de Florencio Varela.

Las horas pasaron. El abogado lo llevó al juzgado en un sólo llanto de padre que no fue; para ver si lo dejaban visitar a su esposa que agonizaba no-madre y sin marido. El Tribunal Oral Criminal N° 9 lo autorizó, pero tarde. En los pasillos del juzgado de Lomas, esposado a un banco, la segunda noticia terminó de reconfigurar su humanidad de preso. Cintia se había desangrado en una cama de hospital. Sola. Sin haber visto nunca a su bebé.

Walter, el “conflictivo”, rogó entonces que lo dejasen ir al doble funeral, para por lo menos atestiguar la muerte, para que no sea algo que le contaron. El trámite tardó tres días. Recién entonces Walter pudo visitar a su familia ya enterrada, custodiado por el servicio penitenciario bonaerense.

Vuelta al traslado infinito, moebius aberrante. Los organismos superiores de DDHH le dicen “calesita”, cuando los estados hacen esto con sus presos. Dicen también que es una tortura y exhortan a los países a firmar papeles de morondanga que todxs se compromenten a respetar, con el enfoque católico hipócrita de te digo que sí, hago cualquier cosa, me confieso y me absuelvo. La hostia penitenciaria está hecha de los “problemas que enfrentan los países emergentes” para lidiar con sus pobres. Nada que hacer, firmemos y después nos tomamos un cafecito.

Es el monstruo creando un monstruo. Es el disco en eterno movimiento. Walter sigue en cana, preso del todo.

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