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Monthly Archives: noviembre 2010

Tenía el chochito desnudo. Sin un sólo pelo. Corazón de alcaucil ahí abajo, en algún punto hay espinas.

Tenía también los muslos doloridos, como de fiebre, por el sexo fuerte sin amor.

Ahí, lampiña y desterrada. Se muerde los labios en señal de protesta. Cierra las piernas como de huelga, burocracia sindical que mata deseos.

Se mira en un espejo de bolsillo y descubre, en un fondo de ojo improvisado, una mancha negra en el iris castaño.

Vuelve a mirar para arriba. Recuerda otra vez la náusea, el estar fuera de lugar, como el camino post-rock, esquivando a los porteros que baldean las veredas. Desubicada.

Se estira y recupera, en una respiración de yoga intuitivo, la sensación de ser ella y nadie más. El punto negro, no pupila, es chiquito, ella lo sabe y no le preocupa. Pero igual mantiene la cadera alineada y el vientre en tensión, aunque nunca te hizo un abdominal. No es por lo del ojo, es por la pimpinela que genera una acidez -hervidero de esófago- que manda a contraer todo tejido blando por las dudas.

Desliza los dedos hasta el alcaucil y se detiene antes de empezar. Falta la nada misma para el verano dice la placa roja, ella sabe que ya están vendiendo arbolitos en el once. Por eso encuentra refugio en la piel suavecita, un par de centímetros cuadrados de oasis dérmico. Entonces toca, orgasmo de monólogo, hasta que no hay más que pensar.

En el Everest del cualquierismo, se da cuenta. Se vienen las fiestas y ella espera que el 2011 sea próspero para todxs.

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