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Monthly Archives: agosto 2010

Antes de que  éste escrito sea percibido como un derrame más de dignidad, esa que se escapa por la rejilla del alma, voy a aclarar que será la última vez. La última vez que dedique un texto entero a estas pimpinelas (no podré escaparme de las pequeñas referencias al pasado porque, en definitiva, una también es lo que fue). La última filtración, la muerte de la inspiración post-nuclear. Ya no hay sobrevivientes.

Tuve el paladar ardido por días. El roce de  mi lengua revivió, minuto a minuto, las nervaduras del techo de mi boca. Como el costillar de un gato flaco se sentía. Autoflagelación bucal, eso que más que doler ya molesta y la imposibilidad de dejar de pasar la lengua, una y otra vez, por el paladar al rojo vivo. Qué necesidad, digo yo, de pinchar hasta explotar el globo del pasado. Qué motor invisible impulsa a una a enamorarse de discapacitados vinculares?

Porque hay gente que cuando se ve acorralada le sale el monoconnavajismo de adentro, y cuidado a 100 metros a la redonda. Porque el géiser de veneno no discrimina a nadie. A la manguera bomberoloco de mierda contenida no le importa a quién votaste, si te gusta el chochito o el pitulín, si preferís pata o pechuga o cuánto amor hubo. Si estás cerca, carnaval de excrementos. Apretá el pomo.

Un alivio para la actual supongo. Victoria en saber que el trigal eligió y lo hizo de una manera espectacular, para que no quedaran dudas. Tuvo que subirse al pedestal de famoso acosado por su fan, me puso en mi lugar, me hizo saber que él decidía que yo tenía la culpa, que yo me la había buscado, que él no tiene ningún problema. Alivio para la actual, repito, el adonis la eligió a esha y se aseguró la compañía. Desde hace tiempo, dice el fb, está en una relación.

Si yo hubiese leído esas últimas cuatro palabras antes de subirme al avión, otra sería la historia. No ahogué mis penas en los brazos internacionales que me acobijaron durante un mes y medio. Sólo disfruté, porque soy de esa gente que no especula, que no come el helado despacio para que el otro reviente de envidia cuando ya no le quede sinparar de frigor. Y como no te trabajo la espía y no suelo colarme en la fila del tiempo, no te miro el caralibro. Por lo que esperé a que los días se dignaran a pasar, mientras recorría a puro beso las geografías europeas.

Tenía el pecho en salmuera ese día, cuando supe de qué iba la novela porteña.  Que antes que nada hay que aclarar lo mal que la está pasando, lo mucho que llora en su semi-soledad acompañada de mansión con araucaria. Y una justo va a agitar un avispero agonizante. Mal timing. Desperté al enemigo y recibí todo el peso de la ley no escrita. Le salió la loca mala de adentro.

Vomité toda la conversación a posteriori, y vi pasar al olvido las palabras con sólo apretar el botón del inodoro.

Estuve seis semanas en el viejo continente. Y cuando volví, la mitosis ya había hecho su trabajo. El metabolismo de Buenos Aires no se detuvo por mi aventura turística. Faltaba que yo me enterase nomás. Y me enteré. El resto es historia, me usaron como pista de aterrizaje forzoso de las dudas que suelen tener vuelo corto.

Mientras escribo esto, borrando y volviendo a escribir, para no decir de más, para no quedarme corta, pienso en el poder de la edición, en la satisfacción de la selección justa de palabras. Porque una se hace cargo del click en publicar, como del sonido que sale de su boca, como del dominó de sus acciones.

Es por eso que descanso convencida de que yo me la busqué, obtuve mi merecido. Quién la manda a una a creerle a un equis con la doble tachada? A uno de esos de amor endeble. A uno de estilo frágil y punta filosa.

Después de la seguidilla de locos invernales, salgo a flote del océano marrón. Porque ya entendí la moraleja: la actual ganó y yo también gané. Gané en tranquilidad, dijo mi madre, que ese chico se ve que tiene problemas.

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