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Monthly Archives: julio 2010

I

Falta poco para que vuelva a Buenos Aires. Mi paso por Bruselas fue de película, con festival nacional incluido, porque parece que me tocaron todas las fiestas patrias. Una horda de belgas ahogados en cerveza bailando la versión original de Vuela Vuela… Quién hubiese dicho que los Magneto no habían escrito ese hitazo de principios de los noventa.

Mis nuevxs amigxs son bailarines de tango, pareja en la vida y en la pista. Él recién llegado de Buenos Aires y ella que vivió un año en el D.F. Con ellos y W pasamos mi última noche en Bruselas, en la intimidad de una milonga europea, con un barman uruguayo del que me enamoré a primera vista.  Tanto europeo y vengo a descubrir un bastión rioplatense que tuvo el coraje de enseñarme a bailar. A mí, que soy una discapacitada muscular, que tengo las articulaciones oxidadas por la literatura. “Vamos a caminar”, soltó el atrevido. No tengo los zapatos correctos, cariño –dije defendiéndome de su sensualidad morocha- “yo tampoco”, me retrucó. Ahí fui, como una oligo, atrapada y dichosa. Quinceañera total.

II

En los márgenes del tren se revolucionan las hojas desubicadas, las del otoño que todavía no es.  Una vía larga hasta Berlín. Me dan un poco de miedo los alemanes, no tanto como los japoneses, pero un poco me dan. Qué se yo, una barriendo la vereda porteña piensa en Alemania y se figura un equis rubio alto que habla en plan industrial, en grito seco, autoritario. Porque si de París unx obtiene la postal, las ideas disparadas desde el imaginario estereotipado de los germanos es de dureza aria, de orden, de colectivo que llega a tiempo.  La prolijidad me da cosa. Y quizás nada que ver, por ahí hay un dejo de dulce de leche en  un par de ojos claros.

Mi estadía berlinesa será corta, tengo que volver a Madrid para tomar el vuelo de regreso. Un horror ahora que lo pienso. La tensión se me acumula a medida que pasan los días y la inevitable vuelta al terruño se hace más palpable. Una trata de concentrarse en la fantasía europea, pero con el vuelo tan cerca, las garganta se estruja y no hay arco que pueda hacer vibrar éstas cuerdas vocales. Muda se queda una. Las palabras se pierden en el laberinto idiomático, confundidas entre los idiomas del aire. Francés, alemán, inglés, castellano, catalán, y una no entiende nada, porque la lengua no responde.

III

No pienso sacar conclusiones por adelantado. Esa manía que tiene una de tocar el enter antes de tiempo. De cerrar sin mirar. Como mi petit loco belga en el que estuve como treinta minutos encerrada en un departamento porque, sin pensar, di cuatro vueltas a la llave y esa puerta, justo justo, de adentro no se abría. Ahí quedé yo, mirando la cerradura, pensando en el tren que tenía que tomar, en mi torpeza, en mi augurio de trampa lujosa, en la incertidumbre y la neurosis. Todo se solucionó rápido de cualquier manera. Pero igual. Una no tiene que andar a los apurones por la vida. Qué tengo que andar tropezando con mi propio futuro si todavía no llegó. Todavía estoy de este lado del Ecuador, fina línea, fideo cósmico, la frontera entre el verano y el invierno. Todavía hace calor. Todavía da para solerito.

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