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Monthly Archives: febrero 2010

Remis a Lomas. Son las doce, lo sé porque en la radio dicen que de acuerdo a la ley 25.636 van a pasar el himno. Pienso, puta madre, ya se me hizo tarde para el duplicado de movistar. Viaje de 35 min aprox, me dijo el remisero.

Viejo simpaticón. Pero no quiero hablarle mucho porque es un arma de doble filo, sobre todo en viajes de media distancia. Si me llega a tocar un psycho me lo tengo que bancar un millón.

No hablo mucho entonces, tarareo el himno en mi cabeza. Lo escuchamos entero, subimos a la autopista.

Se me ocurre leer un rato. Pero es la oscuridad misma ese renault descascarado aun con la iluminación de la calle a pleno. Le pido entonces si me prende una luz para leer. Riesgo, porque están los que no quieren gastar batería. El tipo divino me prende un farol de mil quinientos millones de W en el asiento trasero. Un éxito. Veo mejor que en casa.

Saco el libro de Lemebel que me regaló la Jo, que no para de ser la mejor del mundo. Esta semana tiene que venir a escribir la dedicatoria.

Para mi sorpresa, el remisero me pregunta qué estoy leyendo. Le hago una mini biografía del mejor puto chileno. Resulta qué lo conoce, resulta que el tipo es profesor de literatura, resulta que quiere que le lea.

Me sacudo el eufemismo de la cabeza, no hace ni una semana el taxista Pablo trató de seducirme con la misma herramienta. Pero el señor parecía totalmente inofensivo y profundamente interesado en el librito.

Antes de acceder, y previa aclaración mía de que NO SOY UNA INTELECTUAL y NO HE LEIDO TANTO TAMPOCO hablamos de autores y poesías, me cuenta dónde estudió, cuáles autores le gustan y cuáles no. Me habló de un par de escritores que no conozco. Bueh, prueba suficiente.

Hacemos todo el viaje a Lomas, conmigo en el asiento trasero leyendo a Lemebel, dos cuentos le leí. Todos de Loco Afán. Hasta me cerró las ventanillas para escuchar mejor. “Total está medio fresco”, me miente. La pasé super.

La despedida a la que fui sale rara, como en muchos shows me desdoblo, y mientras una parte de mi cerebro habla de las maravillas de la menta en la fellatio, otra se queda repasando el viaje en remis.

La futura novia se emborracha y termina descompuesta en el baño con inyección de insulina y todo porque era diabética. No le pasó nada, pero pude ver durante un segundo, que se entreabrió la puerta, la imagen de la jeringa en la pierna y las amigas -sin escándalo- en plan ayuda operativa.

En el viaje de vuelta  me toca uno que escucha Vale 97.5, no atino a preguntar si me podía prender una luz. Me imagino que no va a gustar de Lemebel. Por ahí lo prejuzgué, quizás si le decía agarraba viaje. No  me animo y me quedo en silencio, 35 min para el otro lado.

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